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Dar la voz a los profesores: cambiar las creencias para cambiar la educación

 

Todos tenemos creencias, estereotipos, ideas previas, clichés sobre el mundo en que vivimos; creemos en mitos y veneramos iconos que pertenecen a grupos culturales particulares. Estos son inevitables y nos permiten actuar y a dar sentido a lo que nos rodea.

En la vida profesional, nos guiamos por una serie de conocimientos y creencias a partir de las cuales tomamos decisiones, aunque no seamos conscientes de ellas o nunca las expresemos. Los profesores de lengua, en particular, tienen una serie de creencias, conocimientos y representaciones sobre lo que es enseñar una lengua, lo que es la comunicación, lo que se debe hacer en clase, las actividades que se organizan, etc. Los profesionales de la lengua necesitan una cierta visión de esta y de su enseñanza para poder ejercer su práctica y tomar las constantes decisiones en el aula.

Estas creencias tienen orígenes remotos, heredadas de la cultura escolar en la que hemos crecido. No hemos de olvidar que el aprendizaje es una actividad social y cultural que se realiza gracias a nuestro sistema cognitivo y por eso tendemos a actuar de forma similar a como hemos aprendido como alumnos y a reproducir modelos interiorizados inconscientemente. Otras creencias pueden relacionarse con ideas comunes o a veces populares sobre la lengua, no siempre sustentadas en estudios científicos y que pueden basarse en ideas reductoras sobre la lengua y su enseñanza. Estas creencias son muy resistentes y pueden ser mantenidas tenazmente por los individuos a pesar de poder ser contradictorias con otras creencias o con la realidad de la enseñanza y el aprendizaje.

A lo largo de nuestra formación inicial o permanente hemos podido formar conocimientos asociados a nuevos enfoques didácticos que se basan en una serie de investigaciones, aunque siempre limitadas y parciales. Estas nuevas teorías generan nuevos iconos de la enseñanza (estilos de aprendizaje, las destrezas lingüísticas, etc.), que vamos asumiendo y que conviven con otras ideas más o menos contradictorias en nuestra mente o red de creencias, residuales estas de otros enfoques didácticos. Las nuevas creencias o teorías pueden integrarse en nuestro pensamiento, incluso expresarse de forma explícita, pero no se traducen en la práctica. Ideas comúnmente aceptadas hoy en día (conocimientos previos, trabajo cooperativo, relación entre la cultura y la lengua, educación intercultural) no siempre se llevan a la práctica (algunas muy difícilmente como la competencia sociocultural e intercultural), puesto que no contamos con los modelos prácticos que hayamos experimentado como alumnos o porque pretextamos la falta de tiempo, las dificultades del contexto, la falta de motivación de los alumnos, etc.

Por eso los profesores deben entender y evaluar sus propias teorías o opiniones siendo conscientes de la complejidad de la naturaleza de la lengua y de cualquier acto de enseñanza y aprendizaje. Los docentes deben ser profesionales flexibles con la capacidad de integrar conocimientos amplios en situaciones móviles, así como tener la predisposición necesaria y ser conscientes del carácter dinámico, híbrido y complejo del propio pensamiento. No solo tenemos que valorar las experiencias y los conocimientos prácticos de los profesores, sino que es imprescindible dotar a los docentes de las herramientas necesarias para que puedan examinar sus propias creencias y prácticas docentes, ya que a pesar de que la experiencia profesional es muy relevante, esta puede ser insuficiente para el desarrollo profesional si no se dirige hacia un nivel guiado de reflexión, de conciencia de lo implícito y de lo tácito y de pensamiento crítico. En definitiva, para cambiar las prácticas tenemos que cambiar nuestras concepciones, ya que los procesos de formación que acompañan los cambios pedagógicos tienen más éxito si tienen en cuenta las creencias de los profesores y si se estimula la expresión y la reflexión sobre estas.

De ahí el interés de las investigaciones que estudian el pensamiento de los profesores y de los alumnos, un área de estudio con un amplio desarrollo y que se acerca a la realidad del aula desde el punto de vista de los propios protagonistas. Es necesario dar la palabra a los implicados en el proceso de enseñanza y aprendizaje, no siempre considerados en el campo de la investigación, en la administración, en la formación, etc.

También en la sociedad actual deberemos ser capaces de cuestionar nuestros principios, teorías o ideologías y tener en cuenta la orientación transnacional, tanto global como local, de nuestro sistema de creencias si no nos gusta el mundo en el que vivimos y si queremos cambiarlo. Además, cuanto más amplia sea nuestra cultura científica y más fiables nuestras fuentes, mejores y más fundamentadas serán nuestras decisiones.

 

Minerva Caro

Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura (Universitat de Barcelona) y profesora del Máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera de UNIBA.

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