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¿Qué es la competencia informacional? ¿Cómo nos ayuda ante los fake news, ciberanzuelos y otros fenómenos de la sociedad de la (des)información?

 

Fotograma de El nombre de la rosa (J.J. Annaud, 1986)

¿Os suena "El nombre de la rosa"? Me refiero por supuesto a esa maravillosa obra de Umberto Eco, una espectacular novela de intriga y misterio ambientada en una abadía benedictina situada en los Alpes italianos en la Edad Media. Este relato fue además llevado al cine y protagonizado por un maravilloso Sean Connery y un  todavía jovencito Christian Slater que podéis contemplar en la imagen. Os recomiendo que antes de continuar con las reflexiones de este post, os sentéis cualquier tarde a releerla o a verla de nuevo, y, si no es el caso, que os aproximéis a esta historia por primera vez. Uno de los aspectos que más impresiona de ella es la manera que tiene de concienciarnos sobre cómo se ha transformado nuestra forma de relacionarnos con la información y el conocimiento a través de los siglos. El relato nos lleva de la mano a un momento de la historia en el que llaman nuestra  atención las limitaciones en cuanto a la disponibilidad  de las fuentes de información y en cuanto a la forma de difusión y de acceso a las mismas: los libros, artículos "de lujo" realizados a mano por copistas y traductores, quedaban recluidos espacios restringidos y alejados de la gente. Solo las personas letradas, que suponían en ese momento un muy pequeño porcentaje de la población general y que procedían además con frecuencia del estamento religioso, podían acceder a estas fuentes, leerlas e interpretarlas.

Esta sociedad parece "extraterrestre" comparada con aquella en la que actualmente vivimos. Una sociedad de la información o  del conocimiento, en la que la digitalización ha permitido que el número de fuentes de información sea ya casi de naturaleza ilimitada y que podamos acceder a ellas de forma excesivamente fácil, incluso a veces de manera involuntaria, y mediante diversas vías. Por ejemplo: si ocurre algún incidente en nuestra ciudad, es muy fácil acceder a información sobre lo ocurrido mediante una noticia de prensa escrita, un telediario, o unas fotos compartidas a través de una red social, entre otros medios. Parece que, si comparamos con otros momentos de la historia,  tenemos la suerte de pertenecer a una época en la que disponemos de todos los ingredientes para desenvolvernos en una plena sociedad del conocimiento, en la que  nuestras decisiones, nuestra forma de solucionar problemas o las actividades que desempeñamos se fundamentan en un uso consciente y crítico de la información.  Pero, ¿es así realmente?

Fenómenos tan actuales como la facilidad de propagación de los bulos, noticias falsas o fake news, y de los "ciberanzuelos" o clickbaits, nos ponen ante el espejo una dura realidad: a pesar de la "democratización" conseguida en cuanto al sistema de acceso al conocimiento, la ciudadanía tiene cada vez más obstáculos para informarse adecuadamente y fundamentar sus decisiones sobre  procesos informacionales. Mientras los recursos informativos han comenzado a entenderse como "un objeto de consumo",  los individuos que nos relacionamos con ellos lo hacemos como consumidores y propagadores, o "prosumidores", de dichos recursos. Se trata de algo de lo que en ocasiones no somos totalmente conscientes, o bien la cuestión es que no estamos totalmente equipados para asumir este rol. En el marco de esta nueva concepción del conocimiento en la que estamos inmersos, urge que el individuo se dote de diversas herramientas y competencias para hacer frente a la más "desinformatividad" que "informatividad" de los recursos y la "sobredosis" de fuentes de información a la que estamos expuestos a diario.

 En primer lugar, se trata de desarrollar las competencias digitales y críticas necesarias para dominar por una parte los procesos de búsqueda, y por otra los procesos de selección, análisis crítico e interpretación de las fuentes de información, que pasan por una multiplicidad de formatos digitales y no digitales, y por diferentes tipologías textuales y discursivas,  que engloban también las generadas propiamente en la red 2.0.  En segundo lugar, se trata de desarrollar competencias informacionales, que, como veremos en el siguiente párrafo, están presentes en todas las fases del ciclo informacional, y que atienden también a los procedimientos mediante los cuales producimos nueva información y la introducimos en la cadena, compartiéndola y difundiéndola para que sea accesible al resto de la comunidad. 

Entendemos por competencia informacional la "enseñanza y aprendizaje de conceptos, habilidades y actitudes relacionadas con el uso de la información, que integran diferentes lenguajes y soportes comunicativos e implican todos los procesos -búsqueda, tratamiento y uso- que tienen lugar para que se produzca la transformación de la información en conocimiento." (Blasco y Durban, 2011, p. 13). Para comprender esta definición, es relevante comprender la distinción establecida entre información y conocimiento por Davenport y Prusak. En síntesis, la información se entiende como un conjunto de datos, o elementos informativos de carácter primario, que tienen un significado y un contexto y son procesados con un propósito relevante para el desempeño de una acción, una toma de decisiones o la resolución de un problema concreto. Por su parte, el conocimiento se deriva de la información a partir de experiencias, valores y procedimientos como la comparación con otros elementos, la búsqueda de conexiones, o la predicción de consecuencias entre otros.

Algunas definiciones de competencia informacional hacen hincapié en esta competencia como una serie de habilidades que posibilitan "reconocer una necesidad de información y la capacidad de identificar, localizar, evaluar, organizar, comunicar y emplear la información de manera efectiva, tanto para la resolución de problemas como para el aprendizaje a lo largo de la vida” (AASL/ALA, 1998; en Blasco y Durban, 2011, p.27). No obstante, la competencia informacional es también entendida como algo que va más allá de un conjunto discreto de destrezas, que constituye un modo de aprendizaje (Kulhthau, 1993; en Martí, 2007, p. 28) que es abarcado por y es abarcador de otras competencias como la crítica y la digital. A esta forma de aprender son inherentes, más allá de las habilidades para utilizar las TIC en el proceso de búsqueda y de comunicación de la información, el desarrollo de actitudes éticas en la cadena informacional (Area, 2007; en Blasco y Durban, 2011, p. 16) y de la capacidad de examinar y comprender las fuentes documentales (Benito, 2000; en Blasco y Durban, 2011 p.15).

Fases del proceso informacional (Adaptado de Blasco y Durban, 2011)

Es evidente que las competencias lingüísticas y comunicativas juegan un papel fundamental  en el desempeño de actividades y tareas que involucran a los estudiantes en procesos informacionales significativos en diversas materias y áreas de contenido. En un estudio reciente realizado con maestros en formación universitaria (Cuesta García y Espitia Labrador, en prensa) se observó que muchos de los problemas observados en el proceso de redacción de textos expositivos de carácter académico presentaban una doble dimensión. Por un lado reflejaban desconocimiento de las reglas de formato en la citación bibliográfica y problemas prototípicos de carácter discursivo propios de la adquisición inicial del lenguaje académico. Pero por otro lado, dichos problemas estaban conectados, según dejaron reflejado los autores de los textos, con un vacío sobre diversos saberes, habilidades y actitudes relativas  al manejo de las fuentes de información, tanto digitales como no digitales. Este desconocimiento se asociaba sobre todo a:

  • los diferentes tipos de recursos informativos, como por ejemplo, fuentes primarias y secundarias, o fuentes de carácter especializado o generalista; y su grado de aportación a la necesidad comunicativa e informativa.
  • las características propias de dichos recursos informativos, digitales y no digitales.
  • la identificación de elementos clave de la fuente de información como la autoría o el contexto de publicación de la misma y las prácticas normalizadas asociadas a estos elementos en la citación bibliográfica.
  • la adecuación de los recursos informativos a las necesidades informativas y comunicativas del texto.

Más allá de esto, los procesos informacionales también se pueden llevar de forma relevante al aula de lengua, y particularmente al aula de lengua extranjera. Por una parte, porque la forma en que dichos procesos son llevados a cabo por los aprendientes repercuten en los resultados de todas aquellas actividades de aprendizaje de la lengua que llevamos a cabo en el aula y que se fundamentan en la búsqueda, selección y empleo de información, a menudo codificada en la lengua meta. Y al mismo tiempo, porque realizar estas actividades equipa al alumnado de ELE con herramientas para desarrollar su propia competencia informacional de forma transversal.

En ELE son muchos los momentos de los procesos de enseñanza y aprendizaje en los que incorporamos actividades y tareas comunicativas de carácter abierto, que requieren de los alumnos plantearse previamente necesidades informativas específicas o la resolución de problemas que requieren búsqueda y análisis de información. Algunos ejemplos de estas actividades habituales son leer y contrastar noticias de prensa en español, elaborar una portada de un periódico, realizar una reseña, elaborar un pequeño texto expositivo, escribir un ensayo, sintetizar varias fuentes en una infografía, o realizar una presentación oral en grupo sobre cualquier tema de actualidad para un debate colectivo posterior. Es una práctica habitual si pensamos en contextos de enseñanza de ELE en los que también introducimos los aprendizajes relativos a la adquisición del discurso académico, como puede ocurrir en la enseñanza de ELE en contextos universitarios. Pero también ocurre si pensamos en actividades de aprendizaje comunicativo orientadas a los niveles más altos, como el nivel C1-C2 o incluso el B2, en los que el desempeño de este tipo de tareas requiere más sofisticación en cuanto a los recursos comunicativos como informativos utilizados que en otros niveles más bajos. No obstante, tanto si se pretende activar de forma completa el proceso informacional como determinadas fases, el ciclo informativo puede formar parte de actividades comunicativas para todos los niveles, en las que la complejidad de las fuentes de información que se utilicen y el nivel lingüístico que presenten dichas fuentes sean seleccionados por el docente de forma adecuada al grupo meta y a los objetivos de aprendizaje lingüístico e informacional de la sesión.

Algunas consideraciones sobre las que podemos partir para diseñar una actividad comunicativa que active a la vez procesos y competencias informacionales de nuestros alumnos son las siguientes:

  1. Diseñar actividades que motiven un uso significativo de los procesos informacionales, para lo cual es importante seguir un acercamiento activo y centrado en el alumno y permitirle tener libertad para tomar decisiones acerca de  los temas sobre los que desee trabajar e informarse.
  2. Dar la oportunidad a los alumnos de reflexionar sobre la forma en que han "informado" sus propias decisiones o el propio resultado de una actividad, evaluando el alcance de los recursos informativos y su adecuación a los propósitos de la misma. Para ello se puede utilizar apoyo en forma de alguna infografía, tabla, pauta o guía de preguntas sencillas utilizada durante el proceso informacional o al final del mismo.
  3. Tomar conciencia de las situaciones que involucran necesidades informacionales: 

 

  • Tomar conciencia sobre las situaciones en las que no nos informamos.
  • Intentar involucrar todas las fases del proceso informacional en las situaciones que plantean la necesidad de informarnos.
  1. Dar espacio didáctico no solo a las habilidades informacionales, sino también  a los saberes y actitudes que ponemos en marcha cuando somos "prosumidores de información", tales como el reconocimiento de la autoría de una fuente, la lucha contra el plagio o la difusión responsable y crítica de la información.

Teniendo todo esto en cuenta, ¿qué tipo de actividades de ELE podemos diseñar para trabajar la competencia informacional de nuestros alumnos?, ¿cómo puedo equipar a mis alumnos con herramientas para enfrentarse a las fake news? En una próxima publicación en este blog responderemos a estos interrogantes y veremos algunos ejemplos prácticos de este tipo de actividades para llevar al aula.

 

Azahara Cuesta

Profesora de Lengua castellana para la enseñanza e investigadora predoctoral en la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona.

Profesora y tutora de Portafolio y TFM del Máster de Profesor de ELE de UNIBA.

 

Referencias Bibliográficas

Blasco, A. y Durban, G. (2011). Competència informacional: del currículum a l’aula. Barcelona: Associació de Mestres Rosa Sensat.

Martí, Y. (2007). Alfabetización informacional. Buenos Aires: Alfagrama

Cuesta García A. y Espitia Labrador, J. (En prensa). Alfabetización informacional y reflexión docente: de las fake news al análisis crítico de las fuentes de información en la formación de maestros. Revista Catalana de Pedagogia, 17.

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