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Un gran desafío: motivar a nuestros alumnos a través de la evaluación

 

¿Os gustan las aventuras, el riesgo, romper esquemas para innovar? Si vuestras respuestas son afirmativas, creo que el tema que os proponemos a continuación os va a interesar.

Cuántas veces hemos oído que nuestros alumnos comentaban entre ellos después de un examen: “¿Qué esperas sacar?”. Y la respuesta era: “Pues, no sé. Depende de cómo corrija el profesor”. He aquí un claro ejemplo de motivación extrínseca donde el alumno se desentiende totalmente del proceso de enseñanza-aprendizaje ya que lo siente como algo que no depende de él.

Es resabido que la evaluación, muchas veces relacionada meramente con la calificación, todavía se percibe como algo aburrido y relegado, por desgracia, solo a momentos puntuales. Por ello, esta visión implica que muchos profesionales de la enseñanza la vean solo como un trámite que se debe realizar. De ahí que no se acerquen o no tengan interés por una formación adecuada, así como fundamental en este campo por las repercusiones en el conjunto del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es cierto, también, que las instituciones tampoco ayudan en demasía hacia un cambio de actitud sobre la cuestión, además de las pocas investigaciones que se realizan en este ámbito y con la finalidad de involucrar completamente la evaluación en la globalidad del proceso, que, según nuestro parecer, serían muy necesarias.

Según Alonso (1997) la forma en que los alumnos son evaluados constituye sin duda uno de los factores contextuales que más influyen en su motivación o desmotivación frente a los aprendizajes. La evaluación formativa, por tanto, supone una acción educativa que pasa por la recogida de información, por los profesores, durante el camino de construcción y consolidación de conocimientos en el que los alumnos están involucrados, para su posterior análisis. Este proceso conlleva la toma de decisiones¸ tanto por parte de los docentes como de los discentes¸ con el objeto de mejorar la motivación intrínseca¸ o en el mejor de los casos¸ la motivación interiorizada, así como la autonomía del alumno durante la fase de enseñanza-aprendizaje de ELE.

Asimismo¸ la motivación¸ a su vez¸ varía en función del grado en que la evaluación permite aprender a superar los errores. De modo que si enseñamos al alumno que los factores relacionados con la evaluación son controlables¸ le ayudaremos a saber qué hacer para evitarlos; de ahí que el verdadero proceso de aprendizaje es el que lleva a cabo el alumno cuando toma conciencia y participa activamente como agente en el proceso educativo con la finalidad de modificar y mejorar su actuación respecto a la anterior. De esta manera, la evaluación formativa y en el aula puede contribuir a incrementar su  motivación intrínseca y/o su autonomía de aprendizaje.

En conclusión¸ la evaluación y la motivación están íntimamente ligadas en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes de ELE y, por ello, deberían tener un rol central en dicho proceso, ya que existe una interrelación. Ambas se nutren recíprocamente si los profesores utilizamos la evaluación con el fin de analizar y modificar nuestras acciones y¸ de esta manera¸ otorgarle más calidad a la enseñanza y al aprendizaje para motivar a nuestros alumnos. Como afirman Bachman y Palmer (1996), es necesario subrayar la importancia de la coherencia entre evaluación, docencia y uso de la lengua, donde los estudiantes puedan demostrar en las pruebas que realizan lo que realmente saben; o sea, la humanización del proceso de la evaluación.

 

¿Queréis cambiar la forma de evaluar para motivar a vuestros alumnos a través de una evaluación formativa en el aula? ¿Os atrevéis a emprender esta aventura con nosotros?

 

 

Cristina Alcaraz Andreu

Profesora de Lengua castellana para la enseñanza en el Grado de Ciències de l’Educació de la Univeristat de Barcelona (UB) y tutora de Portafolio y TFM del Máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera de UNIBA.

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