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El cambio climático en el contexto de los problemas ambientales

 
cambio climático

A lo largo de toda la historia, la humanidad ha convivido con problemas medioambientales provocados por sus propias actividades. Ya en época romana, por ejemplo, algunos cronistas refieren graves problemas de salubridad en las ciudades, especialmente en las aguas y en el aire (humos, malos olores…). Esos problemas ambientales, que eran de tipo local en el pasado, incrementaron su alcance espacial en tiempos modernos.

Resulta paradigmático el caso de la contaminación de la atmósfera londinense, que alcanzó su máxima expresión a mediados del siglo XX, motivada especialmente por el consumo en masa de carbón. Tras un grave episodio de contaminación registrado en diciembre de 1952, en el que fallecieron unas 4000 personas, el parlamento británico redactó la llamada Ley de Aire Limpio, primera en el mundo de esta naturaleza, que prohibió las calefacciones domésticas de carbón y obligó a las industrias incrementar la altura de las chimeneas para facilitar la dispersión de los humos.

Con esta ley se disiparon para siempre las famosas nieblas de Londres tan presentes en los escenarios de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin embargo, la ley tuvo un importante efecto colateral no previsto en primera instancia: la lluvia ácida. Chimeneas más altas en el Reino Unido favorecieron el transporte transfronterizo de contaminantes hasta el centro de Europa y los países nórdicos. Los contaminantes acababan abandonando la atmósfera a través de las gotas lluvia, tras haberlas acidificado, provocando graves estragos en los sistemas naturales.

Este problema ambiental alcanzó su cénit en la década de los 70 del siglo pasado, pero se pudo erradicar a través de legislaciones aprobadas en los países avanzados limitando los productos que se podían verter a la atmósfera. Ello era factible ya que la tecnología permitía hacerlo, las inversiones necesarias eran asumibles y los gobiernos crearon medidas de estímulo a las industrias contaminantes para que las implementaran.

Otro problema ambiental también del siglo pasado, que se puso de manifiesto en la década de los 80, fue el “agujero de ozono”. En este caso la causa era el consumo de CFCs (clorofluorocarbonos), gases inertes en la troposfera con tiempos de residencia dilatados que, por ello, podían alcanzar alturas estratosféricas y alterar allí las reacciones de equilibrio del ozono, un gas que filtra las radiaciones solares nocivas.

Podría decirse que este fue el primer problema ambiental serio de alcance global. Pero, afortunadamente, al igual que con la lluvia ácida, la comunidad internacional fue capaz de afrontarlo a través del Protocolo de Montreal, prohibiendo el uso de CFCs. En este caso la tecnología también jugó a favor, puesto que existían sustitutos de los CFCs.

Y, ¿qué hay que decir del cambio climático? También es un problema medioambiental de carácter global. Además, su gran alcance no es solo espacial sino temporal: aunque quisiéramos, no es posible atajarlo de un día para otro ya que las secuelas de perturbar el clima pueden perdurar durante décadas.

Al contrario de los restantes problemas mencionados, el del cambio climático es muy difícil de abordar. Dejar de emitir dióxido de carbono, el principal gas de origen antrópico que incrementa el efecto invernadero natural, supone, en esencia, dejar de consumir combustibles fósiles. Y esta es una decisión no trivial ya que puede afirmarse que los más de 7 mil millones de habitantes que ahora poblamos la Tierra somos fruto de los combustibles fósiles. Sin esa fuente de energía tan versátil y concentrada, la Tierra podría sustentar a no más de mil o dos mil millones de personas.

De ahí que no sea fácil abordar el problema resolutivamente como se hizo en su momento con la lluvia ácida, el agujero de ozono o la amenaza nuclear (problema, este, de otra índole). Y es que no se trata sólo de abordarlo sino, previamente, de reconocerlo y aceptarlo. Y es ahí donde aún estamos empantanados: aceptarlo equivale también a aceptar que nuestro modus vivendi es completamente insostenible y que nuestros medios actuales de supervivencia son imposibles.

El reciente acuerdo de París debe ser interpretado como elemento de toma de conciencia institucional más que como herramienta que pueda servir para atajar el problema. Las medidas aprobadas son demasiado suaves. Pero aun siendo así, denota que el problema del cambio climático es oficialmente reconocido y, por consiguiente, hay que considerar el acuerdo como un primer e importante paso en el buen camino.

Bernat Codina

Coordinador de la Maestría en Energías Renovables y Sostenibilidad Energética.

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