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Un país en llamas: el año negro de los incendios forestales en Portugal

 

Condiciones meteorológicas adversas, monocultivo forestal, minifundismo familiar, falta de medios, mano criminal, falta de voluntad política, intereses económicos… Muchos son los factores que explican los incendios forestales que año tras año devastan el bosque portugués. Este pequeño país europeo, con poco más que 92 000 km2, tiene el mayor número de incendios forestales y la mayor cantidad de área quemada de todos los países de la Unión Europea (San-Miguel-Ayanz et al., 2017).

Aunque Portugal figura en las primeras plazas de los países con mayor riesgo de incendios forestales, las estadísticas del año de 2017 son abrumadoras. El año pasado hubo más área quemada en Portugal que en los cinco países europeos de la región mediterránea juntos (España, Francia, Italia, Croacia y Grecia, ver figura 1). Es más, si tenemos en cuenta el total del área quemada en el continente europeo, la de Portugal representa un 60%. La dimensión de estos números son aún más aplastantes si nos fijamos que el área de Portugal solo representa el 2.1% de la superficie total de Europa.

En la memoria del año de 2017 quedan también las 165 personas que murieron en los incendios forestales (el número más elevado jamás registrado), los centenares de heridos, familias enteras desalojadas, los millones de euros en pérdidas materiales y en daños en infraestructuras, y la imagen de un paisaje quemado, desolado y sin vida.

 

Fig. 1 – Área ardida debido a incendios forestales en países europeos y del norte de África. Fuente: EFFIS, 2017.

 

¿Pero porque hay tantos incendios en los bosques portugueses? Muchas de las razones ya se han enunciado en el inicio del artículo, pero se puede decir que las principales se centran en las características de su área forestal y la negligencia de la administración central y de las propias comunidades locales. Sin embargo, la calamidad de 2017 pone en evidencia el estado alarmante del bosque en Portugal y el riesgo real de los incendios en condiciones meteorológicas adversas. Nunca se habían registrado incendios de la magnitud y extensión de los del 2017 (ver figura 2), pero también, si tenemos en cuenta las últimas décadas, nunca el bosque había estado tan mal gestionado y sin políticas de inversión. En la realidad, era solo una cuestión de tiempo para que explotase esta bomba reloj.

 

Fig. 2 – Área quemada en Portugal entre los años 2010-2017. Fuente: ICNF, 2017

El área forestal en Portugal corresponde aproximadamente el 36% de su territorio, y las áreas arbustivas y de pastizales cubren un 32%. Las especies arbóreas dominantes son el eucalipto (Eucalyptus globulus LABILL.) y el pino (Pinus pinea L.; Pinus halepensis MILL.). Ambas son especies pirófitas (especies que tienen afinidad con el fuego) y están presentes en la mayoría de los casos como monocultivo (ver figura 3). Aparte de esto, el 85% del área forestal está en manos privadas y la mayor parte se encuentra dividida en pequeñas parcelas, lo que dificulta su gestión. Si tenemos en consideración que en las últimas décadas ha ocurrido un éxodo rural hacia los grandes centros poblacionales, conllevando un abandono de las áreas forestales y de su gestión, es fácil entender que Portugal sea considerado por algunos científicos como “un océano de combustible” (Beighley y Hyde, 2009).

 

Fig. 3 – Áreas forestales en Portugal. La foto de la izquierda es de una plantación de eucaliptos en el centro de Portugal; la foto de la derecha es de un bosque de pinos afectado por los incendios de 2017. Fuente: foto izquierda de Pedro A. Pina (RTP); foto derecha de Nuno Botelho (Expresso).

 

A pesar de la dimensión de la tragedia de 2017 no se puede decir que estos acontecimientos son algo nuevo en la realidad forestal portuguesa. Es cierto que no hay registro de un año tan trágico, pero los incendios forestales son un problema bien conocido de los portugueses. De hecho, la mayor parte de las razones de este escenario tan catastrófico y desolador son debatidas desde hace años por especialistas y académicos. El estado del bosque en Portugal es el típico caso donde se sabe cuáles son los problemas, se conocen las soluciones, pero se queda todo en el papel y poco se hace para reverter la situación.

Un cambio en la realidad forestal portuguesa es crucial y urgente en los próximos años. De otro modo, lo que ocurrió en 2017 se puede convertir en un escenario “normal” cada dos o tres años. Los últimos estudios indican que sin una intervención inmediata y significativa, Portugal puede incluso tener años con más áreas quemadas que las del 2017, se estima que hasta unas 750 000 ha (Beighley y Hyde, 2018). Solo resta esperar que la magnitud de los acontecimientos del año pasado sea el estruendo que despierte la acción política y social.

Es muy importante empezar de una vez por todas con una gestión del área forestal efectiva y con la adopción de medidas de prevención. Se puede ganar o perder en el combate a los incendios (a veces es imposible apagar un incendio por muchos medios de los que se disponga), pero si el enfoque está en la prevención, se gana siempre. En esta batalla, el conocimiento, el análisis territorial y la visión estratégica son las mejores armas para una efectiva reducción del riesgo de incendios forestales. Estas armas vienen de las manos de los académicos y especialistas en la planificación territorial y la gestión ambiental.

 

Referencias

Beighley, M., Hyde, A. C., 2018. Portugal wildfire management in a new era assessing fire risks, resources and reforms. ISA, Lisboa, 52 pp.

Beighley, M., Hyde, A.C., 2009. Systemic Risk and Portugal’s Forest Fire Defense Strategy. Portucel Conf., 48 pp.

San-Miguel-Ayanz, J., Durrant, T., Boca, R., Libertà, G., Branco, A., Rigo, D., Ferrari, D., Maianti, P.,  Vivancos, T.A., Schulte, E., Loffler, P., 2017. Forest Fires in Europe, Middle East and North Africa 2016. European Commission, EUR 28707 EN, 126 pp.

 

Filipe Carvalho

Profesor en el Máster Universitario de Planificación Territorial y Gestión Ambiental

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