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22/07/2019

Solemos pensar la enfermedad como un inconveniente. La distinción entre lo exógeno y lo endógeno tiene sentido para el médico que la analiza, pero no para el enfermo que la padece, que la siente siempre como un agente externo, el invasor de una integridad hasta entonces dada por hecha. La dolencia interrumpe la normalidad, y, con ella, amenaza la idea de un yo que es, ante todo, ser sano. Obliga a abandonar planes, a interrumpir proyectos y a reajustar relaciones. Es un contratiempo. Es una putada.

 

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