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Los vínculos entre población y planificación territorial

 
planificacion territorial y población

Pese a ser materias que deberían ir de la mano, los estudios sobre población y los planes territoriales -a diferentes escalas- muestran menos puntos en común de lo que sería deseable. Con frecuencia, los análisis sobre población -incluso cuando se abordan desde aproximaciones que enfatizan la dimensión territorial de las variables demográficas-, carecen de la vocación aplicada que caracteriza los instrumentos de planificación. Por su parte, los planes contemplan la población con un cierto distanciamiento y, también, con una cierta falta de compromiso. Cabría esperar que las variables demográficas fueran una de las piezas angulares en el diseño de instrumentos de planificación, pero su lugar queda en muchos casos opacado por una descripción rutinaria de datos que no conducen a una comprensión real de la significación de las principales magnitudes demográficas, de las pautas que rigen los comportamientos y las tendencias que se apuntan a futuro. Además, incluso si el apartado correspondiente a la población es preceptivo y se debe integrar obligatoriamente en el plan, es común encontrar una disociación entre las valoraciones demográficas y las determinaciones establecidas más tarde en los apartados de propuestas. A esta discordancia, contribuye –y no poco- el hecho de que la infravaloración de las variables demográficas conduzca a que este apartado sea responsabilidad de personas que, en ocasiones, cuentan con insuficiente formación en un ámbito relativamente técnico. Así pues, los vínculos entre población y planificación territorial, aun existiendo, son más tenues de lo esperable.

¿Por qué vincular la población con la planificación territorial?

Pero es evidente que la población importa… En primer lugar, porque se planifica para atender, para facilitar equipamientos y servicios, a unos habitantes. Se planifica un territorio, sea una región, un municipio o un sector urbano, para su uso por parte de la ciudadanía y una de las claves es siempre la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. En segundo lugar, porque estos ciudadanos que son muchos o pocos, que son jóvenes o más maduros, requieren servicios diferenciados, sean centros sanitarios, educativos, o asistencia social… En definitiva, no son seres neutros, ni constituyen un mero número más, sino personas con características muy concretas que esperan que las administraciones que promueven los planes tengan en consideración sus especificidades.

En términos demográficos, cabría esperar que del binomio población y planificación lográramos un feliz matrimonio… Queda todavía, en este sentido, camino por recorrer para llegar a un mayor acercamiento entre los especialistas en población, una disciplina con marcado carácter académico, y los responsables de diseñar planes territoriales y urbanos, con un perfil más técnico pero inseguros al abordar una materia como ésta. De esta reunión feliz cabe esperar muy buenos frutos: unos planes que están más próximos a las necesidades reales de la población y que contribuyen a la mejora efectiva de la calidad de vida y unos estudios demográficos que se proyectan hacia el territorio y florecen con su aplicación en regiones y ciudades. Los primeros pasos ya se han dado. Sólo cabe perseverar para conseguir que los vínculos se refuercen en un futuro no lejano.

Dolores Sánchez

Coordinadora del Máster en Planificación Territorial y Gestión Ambiental de UNIBA.

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